Audio

Bienvenidos

“ Cada vez que abráis un libro, pensad que representa el trabajo laborioso de un hombre. Ese hombre, para escribirlo, tuvo que estudiar años y años. Tuvo que estudiar en otros libros y también en la vida”.
Pedro Blomberg.

“Quien me tienda su mano sabrá de qué sabor es la nostalgia. Padezco de una rara enfermedad : escribo para no morir”.
ALFREDO HERRERA
(Poeta puneño)
Aldovirtual.tk
Con la tecnología de Blogger.

Contactanos en...


CORRIENTE LIT.:        Indigenismo
MICROBIOGRAFIA.-   Nació en Acora en 1911

 OBRAS:
                        GENERO NARRATIVO
CUENTOS
-          "Niños del Collao"(1937)
-          "Mi tirallo"
-           "Lectura para niños"
GENERO EXPOSITIVO
ENSAYOS
-          "Danzas y Bailes del altiplano"
-           "Exégesis biográfica del Maestro José Antonio     Encinas" (Lima, 1969)

                                                                      PERICO VICUÑA
Autor : José Portugal Catacora

Perico Vicuña nació una fría mañana de invierno en que la puna se cubrió de una densa capa de nieve, que le daba la apariencia de una inmensa cama, cobijada con grandes sábanas blancas sin una sola mancha.
- Mamá: hace mucho frío -dijo Perico a su madre.

-Sí, hijito, sí; pero pronto te acostumbrarás, porque nosotros siempre vivimos donde hay frío, no nos sienta bien el calor -le explicó su madre, acariciándole la cabeza.

Otro día volvió a preguntar Perico:

- Mamá: ¿quiénes somos nosotros y de donde venimos?

- Nosotros somos estrellas caídas del cielo. Una vez hubo lluvia de estrellas y llegamos a la tierra; por esto tenemos el color del fuego -explicó la madre vicuña.

Perico, sintiéndose estrella, comparaba el color de su lana con la brillantez de las estrellas en las noches lunadas.

- Mamá: ¿Por qué tenemos la lana de fibras tan delgadas y cortas? ¿Por qué no tenemos de fibras largas y gruesas como de la llama o las alpacas? -interrogó Perico otro día.

-Porque nosotros somos seres celestiales y nos vestimos con las fibras finas de las nubes arreboladas de las tardes invernales- explicó la madre vicuña.

Un tiempo después, Perico preguntó de nuevo.

- Mamá : ¿Por qué las llamas y las alpacas viven con los hombres?

- Es que ellos nacieron con alma de siervos; nosotros somos seres libres.

Los hombres han convertido en bestias de carga a las llamas y trasquilan su lana a las alpacas cada año. Los hombres son malos. Hay que huir de ellos, por que dice que están planeando domesticarnos.

- Mamá, eso no puede suceder; ¡no lo debemos permitir! - protestó Perico.

- Se comenta que ya están instalando criaderos en algunas haciendas.



- ¡Eso si que no, madre!

- Pero hijo, pensándolo bien, ¿no te parecería mejor que nos mantengan los hombres y no que nos exterminen los cazadores?

- Aunque eso fuera mejor, madre, es preferible que vivamos sin lazos que nos aten a ninguna esclavitud - expresó Perico con pensamiento precoz.

- Tienes razón, hijo. Cuidaremos de que los hombres no nos sometan a su voluntad- terminó la madre vicuña, sentenciosamente.

Después de aquella conversación Perico se olvido de todo. Y creció alegre, juguetón, ágil y robusto.

Pasaba los días triscando sobre los cerros encrespados y las estepas sin horizontes. Y sus patitas parecían "agujas cosiendo cerros con hilitos de nieve" en los días estivales, sobre las punas nevadas de las altas cordilleras.

Cuando ya estuvo jovencito, sintió una viva simpatía por una vicuñita. Pero le descubrió la vicuña macho, que era el Jañacho o patriarca de la manada; y lo arrojó fuera de ella a golpes, sin escuchar los ruegos de la madre que se quedó llorando.

Perico Vicuña deambuló muchos días por lomas y quebradas, pampas y laderas, solito y triste. Un día vio a la distancia un hombre armado de un fusil y un miedo horrible se apoderó de él; pero escapó gracias a la agilidad de sus patas delgaditas. En vano el cazador le disparó varias veces. Las balas le cruzaban la cabeza silbante, pero no le alcanzó ninguna.

Después de correr horas y horas, Perico encontró un pequeño rebaño de vicuñas machos que le acogieron en su grupo, cariñosamente. Eran también vicuñas jóvenes que en su niñez fueron arrojados de su manada por viejos janachos. Con ellos empezó a vivir una nueva vida, unidos por la desgracia común que sufrieron en su infancia.

Cada día se preparaban con ejercicios de lucha para ser sanos y fuertes, a fin de tener su propia manada algún día.

La oportunidad no se dejó esperar. Al llegar a las faldas de una lomas se encontraron con una manada de doce vicuñas hembras con su jañacho.

Nuestra vicuñita que ya era joven robusto y fuerte, desafió al jañacho viejo a un combate de caballeros. Y el desafío fue aceptado, como lo determinaba la dignidad moral del anciano vicuña y la costumbre establecida entre estos seres.

Entonces las vicuñas hembras formaron un círculo perfecto y en el centro del ruedo se colocaron los dos caballeros combatientes.

Pronto se inició el combate. Mordiscos, cabezazos, manotadas y patadas, menudearon de ambas partes. Y los dos cuerpos rodaban por momentos como un ovillo atado por los pescuezos.

Al principio parecía que el jañacho viejo iba a triunfar pero pasaron como dos horas y al fin se cansó y cayó; mientras que nuestro héroe no sintió fatiga, lo cual le sirvió para imponerse definitivamente sobre su enemigo.

Una vez triunfantes, Perico pisó el cuerpo del viejo vicuña, con la cabeza en alto, como demostración de ser el nuevo jañacho.

Luego, emprendió una larga carrera con las doce vicuñas hembras que lo siguieron en una disciplinada fila india que se perdió en el horizonte, como una cinta ondulante de oro.


Cuando Perico, el  nuevo jañacho, se alejó seguido de sus hembras, apareció revoloteando en lo alto del cielo un gigantesco cóndor, que planeando, bajó hasta el suelo; cogió con sus potentes garras a la vicuña macho muerto y en vuelo parsimonioso se alejó del lugar, hacia su nidal ubicado en el próximo picacho.

Y la puna quedó tranquila y vacía, envuelta en la inmensidad del silencio y la soledad.